LA REPETIDORA – CASTELLANO Chiro-Hito era una de aquellas chicas que se pasean por Tokio con vestiditos recargados estilo Manga. Y a parte de apariencia cosmopolita, tenía una predilección casi patológica por los occidentales. En un mediodía cualquiera, Chiro paseaba por una calle comercial del Down Town de Tokio, llevando un vestido que le gustaba mucho. Un turista , ojos claros, la miró, y en un gesto muy comprensible, le pidió que posara para una foto. Chiro, que era de todo, menos vergonzosa, posó « super-fashion » para su futura conquista. El « ojos redondos » le habría de quitar hasta los volantes del vestido, uno por uno. Y también le sacaría la ropa interior, de florecillas y algodones. Y también los « pin » que llevaba sobre el relleno del sujetador. Chiro-Hito le pidió una foto por debajo . La pregunta pilló desprevenido a Raúl, que era el nombre del occidental. De unos trenta y poco, con buena apariencia. Raúl le dijo que no entendía la pregunta. Y la moza le cogió la mano donde Él llevaba el Android-blue-shining-300 megapixels-twentifox , que también podía usar para hablar y hacer fotos y la condujo bajo su falda. Y sin contemplaciones le dijo : -Si eres capaz de echar una buena foto, te lo pongo a disposición durante todo el día. Qué podía hacer ese joven sobrado de energía e inocencia ante aquella proposición? . . -Chichi, perdón Chiro, me pidió, como quien no pide nada, una incursión bajo la falda para comprobar si era suficientemente hábil para encontrar el camino. -Raúl no podía creer lo que estaba oyendo. Pero era un hombre de mundo y no podía negarse a los designios del destino. Algunos pensamientos sobre situaciones pasadas le aparecieron en la mente. Pero ésta, empezaba como que muy de película. También tuvo tiempo de pensar en algunos riesgos que podía correr (era muy sensato) ; Se oía hablar de tráfico de órganos, robos, etc. Pero ese pivón no estaba allí para eso. (Bueno. Más que pivón, era morbosilla). De momento se dejaría llevar, para ver como avanzaba la cosa. Siempre estaba viajando por trabajo. Y alguna cosa debería compensar los malos ratos y la soledad que acostumbra a acompañar una persona como él. -Chiro: how old are you ?.22 ? -Nooooo. I’m 29. -(Ya me lo temía que era una repetidora. Por la apariencia, lleva 10 años repitiendo curso). -Raul : Do I like you ?. What would you prefer to do?. I need download adrenaline. I need to be covered. Now please. Come with me. -(Chiro, Chiro, me vas a volver loco. Con la foto yo tenía más que suficiente . . .) Y se me llevó, a un pequeño hotel, dos calles más abajo dirección a Gunolu Park. En la recepción habló con un chica, que se lo debía pasar muy bien, porque no paraba de reír. (yo tenía una sensación de “niño que se deja llevar”). Me cogió la mano y me miró “estilo japonés”. Mezcla de “no pienso nada” y “ me la vas a incar hasta que me salga por detrás”. Mixtura entre el frío de la corrección y la guarrería Hentai. Estaba alucinando. Y si después de todo aquello tan prometedor, me pasaría una factura por los servicios prestados? Más tarde, si acaso, ya sufriría el disgusto. Ahora no estaba yo para tonterías. La habitación era pequeña y moderna. Sin estar demasiado cargada. Aunque había una gran ventana, para lo que era la habitación. Unas cortinas blancas tapaban las miradas indecentes de los vecinos. (Por si las hubiera. Es que son . . .). Mirando por la ventana se veían unos árboles por el lado izquierdo. Era Gunolu Park. En cuanto me puse en disposición de soltar las cortinas y mirar hacia atrás, noté como dos brazos me pasaban por la cintura y se dirigían directamente a la hebilla del cinturón. Aquellas manos se pararon un instante en su recorrido, y se redirigieron a los bolsillos. Supuse que para buscar la llave. Cual fué mi sorpresa cuando utilizó su índice de la mano derecha para hacer una comprobación desinteresada. Era el check-in ?. Durante unos instantes no supe qué hacer. Me quedé inmóvil. ( es bueno ser prudente ). Eché un vistazo para atrás y Chiro aún llevaba aquel disimulado vestidito. En cambio, el conjuntado bolso rojo, colgaba de una silla al lado de la cama. Pronunció unas palabras en japonés, muy, muy dulces. (un morbo que pa qué) 私は乾いてもらおう Ya me veía yo en una película de esas de mafia japonesa (jacuza?). Sentado en un sofá, de un espectáculo en un local oscuro, en primera fila. Con dos putillas. Mirando tres nenas cantando música hiperelectrónica, de esas que hacen un ambiente desconocido y futurista. Sabéis que quiero decir? ( es que no recuerdo la película). Empezó a sacar lentamente las manos de los bolsillos, mientras aprovechaba el recorrido presionando todo lo que pillaba, ingle para arriba. Una vez las manos estuvieron fuera de los bolsillos, me bloqueó para que no hiciera nada. Abrió la hebilla poco a poco. Aprovechó para mirarme a los ojos, con lo que supongo era una signo de complicidad, un poco lascivo. El botón del pantalón ya costó un poco más, aunque yo apretaba la barriga para disimular. Se dio la vuelta sin más y se fue hacia el baño. ¿Y ahora ?. ¿Me quedaba vestido ?. ¿Me despelotaba?. ¿Me quedaba en la ventana?. ¿Como iba a salir del baño?. ¿O debía entrar yo?. ¿Qué calzoncillos llevaba?. Los del estampado rojo. . . bueno, aún. Estaban limpios. Ayer al llegar a mi hotel y después de la ducha, me los puse de estreno (limpios quiero decir). Eché un vistazo a la neverita. De trago largo sólo había sake, que aún no gustándome, abrí la botellita para relajarme. Se debía de tomar, a no sé qué temperatura, con una taza especial, platito. . . Bien, no sé, pero y qué. Cuatro tragos a morro y liquidada . -Chiro !! are you OK?. Need anything?. -Just a second darling... -Cómo sonaba “Darling” en esa vocecita angelical y esos morritos . . . (operados?). Al verla en la calle, a primera vista, me pareció una muñeca. Un maniquí. (Joder , cómo engaña la niña. . .) -Y la Chiro abrió la puerta del baño. La luz de la habitación era tenue. Sólo con las luces de las mesitas. Cortina corrida. Chiro cerró la luz del WC. Y sin poder verla, lanzó a la habitación el vestido rosa, el marrón que llevaba debajo, una especie de pañuelo blanco . . . ( ¿algo más para tirar ?). Empezó a divisarse la punta de la bota, de color rosa. Avanzó un poco y ya se divisaba carne. Blanca, muy blanca, muy , muy . . (vayaaa !!!. . .). Y me sale con braguitas, sostén, las botas rosas y el lazo en la cabeza. Rosa. Rosa era el superlazo. I vaya melena. . . Era pequeñita. Pero quedaba disimulada con ese “recubrimiento Manga-fashion”. Ese vestir le daba aquel toque de fantasía . . . y también exotismo. Qué bien proporcionada estaba. . . No lo parecía. Y transmitía una serenidad. . Me sentía en ese punto de felicidad de sueño. Difícil para ser verdad. Venía hacia mí, y justo delante de mí, hizo un quiebro para tumbarse sobre la cama. Y me dijo : -Aren’t you visiting Tokio for bussiness ?. Then, work a little bit. And now !! Y ahora qué?. Debía quedar bien y demostrar que yo era un representante occidental que cubria las expectativas. ( ¿Dicen que los orientales la tienen más pequeña ?. Y la mía es de medida “machoteman”. Mi madre me dijo una vez, que tenía un antepasado africano. Me quedé con la duda de si era verdad ó es que me la había visto . .). Tocaba quitarse la ropa. Llevaba camiseta blanca con “tirantes” (auténtica albañil / publicidad de mozo mojándose con una manguera por el sudor . . .). Bueno, ya estaba en ello y había cosas que no se podían cambiar. Mientras me quitaba la camisa y la camiseta, no miró ni una vez de cintura para arriba. Me giré de espaldas para quitarme los pantalones. Observé una falsa decepción en su gesto. Sé metió dentro de las sábanas y yo seguí con mi streap-tease. Me bajé un poco los pantalones y me senté en el borde de la cama. Mi cabeza imaginaba la incursión en las sábanas. Una pasada por el baño?. Ella no parecía tener mucha paciencia. Y yo tampoco sabía si tenía mucho tiempo. Chiro me dijo que tenía frío. Sonaba a indirecta. Me levanté. El momento mágico había llegado. Me di la vuelta lentamente. Me tropecé con la mirada de Chiro clavada en el “nene” ( Si supiera . . . Tiene vida y personalidad propia . .). Se paseó la lengua por aquellos carnosos labios como en las pelis porno. En esa cara de muñequita no parecía “guarrón”, más bien atrevido. Yo la tenía “morcillona” como decía un amigo del Bar de las mañanas. Pero aún estaba cabizbaja. Inicié una entrada elegante a la cama. Incursión lateral, un me asiento “natural” (de aquellos de “para mí esto es habitual”), un tumbe en inclinado y una intención de caricia a esa cabecita que aparecía entre las dos manos tirando de la sábana. (Mi voluntad inquebrantable ya sólo era lanzarme y empezar a morder todo lo que pillara.) Cuando mi mano se acercó a su cabeza, ésta desapareció. Una lengua calentita me bajaba por el costado del ombligo hacia la ingle, donde profeso cosquillas! Qué le vamos a hacer !. ¡Es así ¡. Me venía aquel calambre eléctrico que tienes cuando te hacen cosquillas en la planta del pié. Pero no quiso parar. Le gustó la reacción (es que soy un sensible). Mientras bajaba, una manita subía por la rodilla. Yo puse mis manos sobre aquella melena voluminosa. Mientras su lengua se desvió hacia la pierna izquierda, su mano tocó “cacho”. Me cogió suavemente los testículos ( a partir de ahora, las pelotas, por confianza). Y supongo que por mi impaciencia, me sorprendió que no siguiera trabajando la cercanía. La lengua se fue acercando a su caliente mano y se puso un testículo (no me encajaba lo de “pelota”) en boca y lo removió. Su mano quedó libre. El “nene” hacía ya un rato que miraba al cielo. Me lo cogió, con las dos manos y su boca se encargó del resto. La emoción me invadió, y no podía garantizar un adecuado control. Sus labios empezaron a presionar sin vaivenes. De golpe, su lengua empezó a moverse como una anguila en un recipiente de cristal ( no sé a qué viene, pero bueno . . .). Después de una sesión de reconocimiento con la lengua, se detuvo presionando la parte inferior del glande. Le tiré de los pelos para evitar la expulsión de mi adrenalina condensada en ese mismo momento. Supongo que al ver mi cara descontrolada, me preguntó si no me gustaba. Pero no fue necesaria la respuesta. Me la puse encima , para morder aquellos labios y disfrutar de aquellos proporcionados pechos. Mi incursión (parecía más una visita guiada, porqué Chiro me tenía la melena bien cogida) fue directa a un pecho, donde mordí el pezón suavemente para comprobar su reacción. Incrementé la presión hasta percibir una señal de dolor. Cambié los dientes por la lengua. Y reconocía el otro pecho con la mano. Me puse de rodillas delante suyo. Sus piernas estaban abiertas. La cogí por debajo de sus rodillas para levantar las piernas plegadas hasta su vientre. Su pubis afeitado, excepto por una raya en la parte superior, se ofrecía para cata. Descendí hasta su pubis. Creó que lamí impetuosamente, y al tocar el clítoris, me tiró del pelo. Me dijo en voz suave: Be careful, and use this piece of meat Me puse de rodillas aguantando sus piernas y le indiqué que ella hiciera los honores. Tiró de mi “cosa” hacia abajo para llevar el calvo a buen puerto. Ya sólo hacía falta un pequeño empujón para entrar. Me incliné hacia adelante i tras una entrada muy parcial, me detuve para provocar a mi pareja. Oí un pequeño lamento. . . Please Raul, don’t be stingy, pleeease .!!!! El nene se abría camino con dificultad. El glande se iba comprimiendo. Chiro, con los ojos cerrados, se manifestaba entre placer y dolor. Clavó sus uñas en mis glúteos y me empujó hacia su cuerpo. Fuerte, muy fuerte. Me dejaría marcas de las uñas (como en las películas). Todo yo estaba dentro de Chiro (metafóricamente). Después de un breve lamento, empezamos a movernos muy lentamente. Me colgó sus pies en mi espalda y se quedó colgada, de forma que subía y bajaba según mis movimientos. Parecía no querer desaprovechar nada de lo que se daba. La besé en el cuello y los hombros. A continuación le pedí que se girara de espaldas. Con una maniobra magistral fulminante, me encontré sus posaderas en primer plano. Palmeé aquel culo que pedía guerra. Pero ella pedía más carne. Apunté mientras se arqueaba y situaba su cabeza y pecho sobre la cama ofreciendo dos puntos para no perderme. Volví a entrar, ahora de forma más agresiva que antes. Una vez dentro, toda dentro, pasé el dedo gordo por mi lengua para posarlo en la señal vecina y pasearlo a círculos. La chica me golpeó la mano. No sé si por quejarse de molestia o para que yo no perdiera la concentración en lo importante. Imprimí un ritmo agresivo para ver su reacción. El sonido de sus expresiones insinuaban un feed-back positivo. Estuvimos un rato jugando y dando vueltas, hasta que ella decidió tomar el mando y ponerse encima. Levantado levemente su costado y cogiendo al “amigo” con la mano, se lo introdujo hasta notar sus nalgas en mi ingle. Su piel brillaba. Un espectáculo . . Se reclino y reposó sus manos en mis costillas y se empezó a mover suavemente. Aumentaba la velocidad hasta que pareció descontrolarse. Se puso de cuclillas y me zarandeó como quiso. Se detuvo un instante para iniciar un movimiento circular que la permitió recuperar una postura más cómoda. Salió para colocarse de espaldas a mí. Con un movimiento rítmico de adelante-atrás aprovechó para tirar de mis pelotas hasta hacerme daño. En ese momento previne que debería avisar a aquella princesa para que no saliera disparada por mi orgasmo ( una exageración que mentalmente me permití). Ella notó el incremento de dimensión del glande pre-orgásmico, así como los movimientos previos del nene a punto de disparo. Hizo una salida de Circo du Soleil (yo sería incapaz) y se agarró en caliente. Empezó a machacarla dejando el glande libre. Su boca empezó a chupar con un deseo exagerado de provocar la corrida. Y así fue. En el momento que empezé a notar la expulsión y gemí, se puso encima y se la clavó de golpe, casi pasando de la boca a su vagina en un instante, en una maniobra de Intervíu. Me agarró con fuerza la base del pene para extrangular la salida del semen. Durante unos instantes presionó con fuerza la base. Fueron segundos donde consiguió su objetivo. Luego empezó a moverse manteniendo una presión fuerte, y a medida que relajaba la presión, aumentó la velocidad. Tuve la sensación de reventar. Y gritamos como locos. Con muy poca charla nos quedamos dormidos un rato. Antes llamé a recepción para que me avisara a las 6 de la tarde. Para la cena. Esta parte queda para otro dia. Desde ese día, el Manga ya no me parece infantil. A la mañana siguiente me esperaba una reunión que podía ser dura. Pero después de aquella noche, empecé el meeting con una sonrisa que creo duró toda la velada. Me preguntaron si me encontraba bien. No sé, contesté, Pero ya puedo morir. Salud i cava. 19-1-2014

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